José Luís Sosa, ingeniero de profesión y muy conocido como “el gordo” en su natal Mocorito era uno de mis seguidores de aquellos rumbos.
Muy frágil la vida.
El pasado viernes, después de recibir mi comentario en punto de las 6.05, de inmediato a las seis con ocho minutos me envía el siguiente mensaje:
“BUEN DÍA PATRÓN, GRACIAS, CUÍDATE MUCHO Y BENDICIONES SIEMPRE”
Por la tarde de ese mismo día un fulminante infarto lo mandó a tierra sin nada que se pudiera hacer.
Siempre digo que no somos nada.
Dios decide como y cuando.
Contra su voluntad es imposible cualquier intento.
Muy madrugador el Gordo Sosa.
En ocasiones hacíamos comentarios sobre el calor o el frio y hasta de la joteada de por aquellos rumbos.
Muy sonriente a través del celular.
Le envié mis condolencias a su hermano Toño y a la Gringa.
En Mocorito fue la misa el día de ayer y su sepultura.
Su edad unos 62 años y con gran entusiasmo por la vida.
Extrañaré sus comentarios.
La tristeza invadió a su familia y un elemento valioso abandona Mocorito.
Llegó a la raya y de ahí no pudo pasar.
Es la fragilidad de nuestra existencia y la grandeza de los designios del señor que nos requiere cuando nos ocupa en su reino.
Me dicen que no sufrió por el infarto.
Dios lo bendijo de esa manera.
Así le pido al señor que suceda en mi persona.
Rápido y sin darle molestias a nadie.
Por la mañana saludándome y victima de un fatal infarto por la tarde.
Ya no recibiré su mensaje mañanero.
Siempre puntual y lo extrañaré.
Alcanzó a vivir 62 años.
Mocorito es tierra de grandes hombres.
Grandes políticos y brillantes empresarios.
Nunca me olvido de la generosidad de esa tierra.
Por muchos años recorrí la ruta y logré muy buenos amigos.
Ya perdí un lector y excelente amigo.
Un día nos encontraremos Ingeniero Sosa.
Se nos adelantó un poco, pero por esa vereda caminamos todos.
Extrañaré al Gordo Sosa.
Resignación a la familia.
Luego lo alcanzo, ingeniero.
Hasta mañana.
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