El adiós a mis chamarras y la llegada de la capirotada

Me gusta salir abrigado por las mañanas y siento gran felicidad por tener varias de estas prendas.

Antes las usaba por las noches, pero los Chapitos y Mayos no me dejan lucirlas y gozarlas.

Ni modo, así las cosas, aunque no nos guste.

Año con año, en el mes de noviembre, me presento enchamarrado con los amigos del café.

Unas son más abrigadoras que otras, pero les agradezco infinitamente la deliciosa sensación que producen sobre mi pecho y espalda.

Algunas de ellas ya tienen varios años y siguen luciendo como si las hubiera adquirido el día de hoy.

Mi profundo agradecimiento y mi querencia absoluta.

Soy hombre agradecido y por eso las ensalzo ante los ojos de mis lectores.

Serán guardadas a partir del 21 de marzo.

Y espero llegar al siguiente noviembre para de nuevo sacarlas del armario y seguirles agradeciendo lo que por mí hacen.

Gracias a mis adoradas chamarras.

La capirotada en todo su apogeo y es de las cosas que me resultan irresistibles desde mi lejana infancia.

No me despegaba de mi madre hasta que me servía una porción gigante para llenar la panza y el torrente sanguíneo del azúcar del piloncillo y la panocha.

La cuaresma siempre esperada.

En las hornillas, en mi casa no teníamos estufa, el apaste de barro y tapado con un comal y brasas encima para que se dorara.

Mi azúcar me salió por las nubes y tengo que prescindir de saborear mi exquisito platillo de la semana santa.

Espero alcanzar una colita de la cuaresma con mi azúcar normalizada y poder saborear la capirotada.

Me prometieron intentar capirotada blanca endulzada con esplenda y estoy al pendiente de que eso suceda.

Lo mejor para mi paladar, es el veneno para mi sangre.

Mi torrente sanguíneo se encuentra en apuros.

Pero estoy cuidando mis alimentos para poder consumir de perdida seis litros de capirotada.

Soy un chucho de esa delicia.

No quiero que pase la cuaresma sin probarla.

Es cuestión de disciplina y lo estoy intentando.

Soy muy agradecido con mis chamarras y las guardaré con tristeza en unos días.

Chamarras y capirotadas de las mejores cosas que me suceden.

Claudia Sheinbaum tiene como plan Z, enviar capirotada a Donald Trump para que se le endulce el carácter.

No podemos hacer otra cosa.

El plan Y es amenazarlo con no mandarle fentanilo para que se le rebelen los locos que están enganchados y que son millones.

La región de Ontario, en Canadá, ya amenazó con suspenderle a tres Estados de las tierras de Trump la venta de energía eléctrica y se incluye a New York.

Esos si tienen garrote para bajarle el tonito a Donald.

Hasta mañana.

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J. Humberto Cossío R.

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