Desde el presidente de México hasta un policía municipal

Todo puede formar una escalera que se recorre de arriba a bajo o de abajo hacia arriba.

Los grandes jefes de la delincuencia organizada son expertos en llegar a las cumbres y dominar valles y laderas.

Mucho se dice ahora de Andrés Manuel López Obrador.

Los entiendo y los comprendo a los que tratamos los temas políticos y no queremos embarrarnos de la porquería.

Sólo un puñado de periodistas se atrevieron a meterse con el dechado de pureza que afirmaba representar el tabasqueño.

Los demás guardaron respetuoso silencio y permitieron que los infiltraran en sus programas noticiosos con la gente de gobierno.

Se habló de la diversidad de ideas y luego botaron de sus espacios a los que se convirtieron en la voz de la oposición.

La rienda llegó a los micrófonos e imágenes televisivas.

La disfrazaron con supuesta pluralidad.

Los empresarios de la difusión sintieron el miedo correr por sus venas y se ocultaron para no ser arrasados por la fuerza presidencial.

Todos tenemos pecados en nuestra vida y basta investigarnos a fondo para encontrar la llave del silencio.

Se nos paga, o se nos chinga.

Quiero iniciar desde abajo y en los policías municipales y estatales encontramos el primer escalón de la corrupción.

Sus sueldos no tienen comparativo con los ofrecimientos de la delincuencia y en su manera de vivir se dibuja la mejoría.

De pronto ya no tienen su bicicleta para llegar al trabajo y pasear a su familia y ahora es un modesto auto que se encuentra en sus haberes.

Los jefes de plaza son vistos en lugares de mucha categoría comiendo y bebiendo con los mandos policíacos.

Es un paso gigantesco que luego permea a los Procuradores Generales de Justicia de aquellos años.

Policías y ladrones en la mejor sintonía.

Procuradores que cobran por hacerse de la vista gorda y que engrandecen sus antes exiguas cuentas bancarias.

Luego se filtran noticias de los gobernadores estableciendo alianzas con los que representan el poder factico.

De los Estados brincan a las fuerzas de la federación y los militares son los objetivos de la delincuencia organizada.

Se hacen acuerdos y se les permite sembrar marihuana y amapola en grandes extensiones de la sierra.

Dinero hay de sobra y se vive en la paz del contubernio.

Llegar a los Procuradores federales ya no fue gran problema y de ahí el brinco hasta el mismísimo Presidente de México.

Con Andrés Manuel se logró la totalidad y su slogan lo cubrió a los ojos del mundo con sus abrazos y no balazos.

Sus visitas a Badiraguato y los saludos cariñosos a la mamá del Chapo Guzmán.

No le importó que se hablara de su alianza.

Dejó las bases para que todo avanzara y nadie lo pudiera tocar en el futuro inmediato y parece que su objetivo se ha logrado.

Así las cosas.

Hasta mañana.

Todas mis columnas en: https://altoparlante.com.mx/fax-del-fax/.

 

J. Humberto Cossío R.

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