Todos preguntan, aunque ya lo saben, las condiciones que privan en mi ciudad.
Quédate en Mochis fueron algunas de las expresiones más frecuentes y una sonrisa afloraba en mi cara.
No quise estigmatizar a Culiacán pero es inútil querer tapar el sol con un dedo.
Estuve en tres lugares onde se come sabroso y las familias acuden con toda confianza sin los temores culichis.
El Bucanero de Arnoldo Davison Lara muy visitado.
Su hijo del mismo nombre es quién lleva la responsabilidad de mantenerlo boyante o engrandecerlo.
En desayunos y comidas la clientela no falla.
Varios amigos se juntan en la mesa madrugadora.
Estupendo café que nos revive al saborearlo.
Sin fallas el Bucanero.
La tranquilidad de Los Mochis nos hizo relajarnos y tener un verdadero descanso de tres días completos.
Sin pensar en balaceras o cuerpos tirados en las calles.
Así fue el compromiso de Gerardo Vargas Landeros y está cumpliendo con su palabra.
Fueron 25 años de mi vida en Los Mochis y sigo llevándola en mi corazón segundo a segundo.
No voy con la frecuencia que quisiera.
Pero que a gusto viven mis amigos y los envidio.
Trabajan en paz y armonía absoluta.
Salen de sus hogares sin temores.
Sus hijos cabalgan en su juventud sin riesgos de no volver a casa.
En punto de las cinco de la tarde de ayer abrí la puerta de mi casa y encerré mi auto.
Creo que será mi última conducción de carretera.
Falla la vista y el peligro aumenta.
Seré cliente de las líneas de autobuses cuando viaje en corto.
Para aventuras distantes los aviones.
No me quiero poner en riesgo y a los demás tampoco.
Manejaré en la ciudad en mis habituales salidas.
La camioneta en la cochera.
Solo saldrá a las lejanías si consigo el adecuado conductor.
Vuelvo con Los Mochis.
Que felicidad la que disfrutan los de aquellos rumbos.
Culiacán es mi lugar de nacimiento y aguantaré las centellas que caigan sobre sus calles.
Siempre con las debidas precauciones.
Aventarse a lo tonto es pecado mortal.
Serenos y con horario recortado.
Así vivimos y punto.
Desayunos y comidas tempraneras.
Cinco de la tarde en casita y con la televisión prendida.
No necesitamos más por lo pronto.
Hasta mañana.
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